No tardes, por favor
Existe una anécdota sobre el filósofo alemán, Immanuel Kant, que explica como los habitantes de la ciudad prusiana, Königsberg, ponían en hora sus relojes en función de los paseos que Kant realizaba por sus calles, ya que era de dominio público su disciplinada puntualidad. No es cuestión que apliquemos a nuestra vida este hábito alemán, …









