Las claves de una eficaz homilía y ¿de un discurso?

La columna de opinión del periodista Felicísimo Valbuena en La Voz Libre titulada Monseñor Carlos Osoro sigue sin predicar bien y con el subtítulo, Una monja seglar predica mucho mejor que la inmensa mayoría de los clérigos, me ha llamado la atención y me ha animado a investigar si existen indicaciones o sugerencias para los predicadores, ya que al comentarista no le falta razón.

Lógicamente, existen documentos al respecto y sus consejos ayudan a todos los que nos interesa la oratoria.

En primer lugar, señalar que la finalidad de la homilía es «favorecer una mejor comprensión y eficacia de la Palabra de Dios en la vida de los fieles. Por eso los ministros ordenados han de “preparar la homilía con esmero, basándose en un conocimiento adecuado de la Sagrada Escritura”. Han de evitarse homilías genéricas o abstractas», indica Benedicto XVI en su exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis, del 22 de febrero de 2007.

Por su parte, el Papa Francisco señala que la homilía es «un género peculiar, ya que se trata de una predicación dentro del marco de una celebración litúrgica; por consiguiente, debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase», afirma en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium del 24 de noviembre de 2013.

En definitiva, la homilía es la predicación realizada dentro de una celebración litúrgica y sus características deben ser: breve, concreta y específica.

La preparación de la predicación.

El Papa Francisco, debido a la importancia de la homilia, recomienda «dedicarle un tiempo prolongado de estudio, oración, reflexión y creatividad pastoral». Entre las indicaciones a seguir, establece las siguientes:

  • Prestar toda la atención al texto bíblico y para lograrlo hace falta paciencia, abandonar toda ansiedad y darle tiempo, interés y dedicación gratuita.
  • Estar seguros de comprender adecuadamente el significado de las palabras que se leen.
  • Estar familiarizado personalmente con la Palabra de Dios gracias a un corazón dócil y orante. «Las lecturas del domingo resonarán con todo su esplendor en el corazón del pueblo si primero resonaron así en el corazón del Pastor».
  • Poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar.

Estas sugerencias señaladas para las homilías son igualmente aplicables a los discursos: estudio, reflexión, dedicación, comprensión, conocimiento y conocer al auditorio.

Los recursos pedagógicos.

El Santo Padre, en su Evangelii Gaudium, afirma que «algunos creen que pueden ser buenos predicadores por saber lo que tienen que decir, pero descuidan el cómo, la forma concreta de desarrollar una predicación». Para lograr ese «cómo» Francisco aporta una serie de recursos prácticos que enriquecen la predicación y la vuelven más atractiva, como:

  • Usar imágenes, es decir, hablar con imágenes.
  • Sencillez en el lenguaje utilizado, que lo comprendan los destinatarios.
  • La estructura de la predicación tiene que tener un orden claro y una conexión entre las frases, «de manera que las personas puedan seguir fácilmente al predicador y captar la lógica de lo que les dice».
  • Usar lenguaje positivo.

Como ha sucedido anteriormente con la preparación, estas máximas se hacen extensivas para cualquier tipo de disertación: lenguaje visual, sencillez, coherencia y actitud positiva.

El lenguaje y el destinatario.

En relación al lenguaje y al destinatario del discurso, el Papa Francisco afirma que el predicador solamente encontrará «en el corazón cultural del pueblo una fuente de agua viva para saber lo que tiene que decir y para encontrar el modo como tiene que decirlo». Es decir, tenemos que conocer a quien nos dirigimos para que nuestro mensaje llegue con eficacia a nuestro oyente, porque «así como a todos nos gusta que se nos hable en nuestra lengua materna, así también en la fe nos gusta que se nos hable en clave de “cultura materna”, en clave de dialecto materno, y el corazón se dispone a escuchar mejor. Esta lengua es un tono que transmite ánimo, aliento, fuerza, impulso», establece el canon 139 del Evangelii Gaudium.

140. Este ámbito materno-eclesial en el que se desarrolla el diálogo del Señor con su pueblo debe favorecerse y cultivarse mediante la cercanía cordial del predicador, la calidez de su tono de voz, la mansedumbre del estilo de sus frases, la alegría de sus gestos. Aun las veces que la homilía resulte algo aburrida, si está presente este espíritu materno-eclesial, siempre será fecunda, así como los aburridos consejos de una madre dan fruto con el tiempo en el corazón de los hijos.

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