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El anfitrión en un acto social

A lo largo de nuestra vida todos ejercemos de anfitrión y de invitado. Y en la época en la que nos encontramos, la Navidad, estos papeles se representan más asiduamente.

En estas fiestas navideñas vamos a invitar, o nos van a convidar, a actos sociales centrados en una comida o una cena. Pero, esta actuación no se limita al mero hecho de comer, sino a reconocer pública o familiarmente la relación existente entre los invitados y su anfitrión. No es una invitación para dar respuesta a una necesidad fisiológica, sino para dar respuesta a una emoción o sentimiento.

Pero, ¿cuál debe ser el comportamiento o la función del anfitrión?

El principal trabajo de un anfitrión es saber atender a sus invitados y, para lograrlo, debe saber recibir, presentar, conversar y despedir.

Recibir implica naturalidad y amabilidad y, por supuesto, es el organizador el que debe recibir a sus convidados. En cuanto al tiempo que debe estar el anfitrión recibiendo, depende del tipo de acto y, lógicamente, del número de asistentes. Por ejemplo, en un cóctel la puntualidad es importante, pero su aplicación no es tan rigurosa como en las comidas. Generalmente, en los primeros treinta minutos llega el ochenta por cierto de los invitados. Por lo tanto, es el tiempo que los anfitriones deben estar recibiendo, porque si lo alargan mucho más, lo que sucede es que desatienden a los invitados que se encuentran ya con ellos.

El anfitrión es el responsable de presentar a los invitados que no se conocen entre sí. Lógicamente, cuando el número de convidados es grande, se comprende que no se pueda presentar a todos. En la presentación siempre será conveniente añadir alguna información sobre las personas presentadas -familia, profesión, gustos- que les pueda facilitar el inicio de una conversación entre ellas.

También es labor de un buen anfitrión mantener una interesante y animada conversación en la que todos los implicados puedan participar, sin que nadie la polarice o se quede aislado. Es necesario saber escuchar y seguir la conversación con atención. Un buen conversador es el que consigue que la otra persona se sienta importante, a gusto y que participe en el diálogo.

Y, finalmente, el anfitrión es el encargado de despedir a sus invitados y, por supuesto, agradecer su presencia. Antes de la despedida, la actitud debe ser de serenidad, sin dar sensación de prisa pero, una vez que se decide despedirse, la despedida debe ser breve.

Estas son las funciones que todo anfitrión debe cumplir con sus invitados -recibir, presentar, conversar y despedir-, y que son calificadas como las cualidades del arte de acoger.

No debemos olvidar nunca que el obsequio más importante que el anfitrión ofrece a sus invitados es el de los buenos modales y estar pendientes de los pequeños detalles, que en protocolo social, son muy importantes ya que con ellos se consigue hacer agradable la estancia a nuestros convidados.

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