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Las banderas oficiales, las Cenicientas de las banderas

Durante estos días se han leído, oído y visto noticias referentes a las banderas azules, sobre todo en relación a su ceremonia de entrega y su posterior acto de colocación de la bandera en la playa distinguida con tal galardón anual.

Me resulta agradable ver cómo estas banderas nuevas y flamantes ondean sobre los mástiles de nuestras playas seleccionadas. Da gusto verlas. Da gusto su cuidado. Da gusto la atención que las autoridades oficiales les otorgan.

Lástima que esto mismo no se pueda decir de las banderas oficiales.

La Bandera de España ondea en demasiados edificios públicos desaliñada y hecha jirones, quizás símil de nuestra soberanía, independencia, unidad e integridad como país. No da gusto contemplarla.

Llama la atención, por lo menos a mí, que esas citadas personalidades oficiales que izan con orgullo una bandera que es, simplemente, símbolo de una certificación de calidad, pasen, todos los días, por debajo del símbolo de su nación con total indiferencia y apatía sobre su estado de conservación.

Quizás, solo quizás, si hubiera una normativa, con su respectiva sanción, sobre la conservación y el mantenimiento de la Bandera de España, los políticos de este país custodiarían sus banderas oficiales con respeto y honor.

Actualmente la bandera nacional está regulada por:

  • Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos.
  • Real Decreto 441/1981, de 27 de febrero, por el que se especifican técnicamente los colores de la  Bandera de España.
  • Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas.

Sin embargo, si podemos hacer algo. El artículo 10.1 de la Ley 39/1981 estipula que

Los ultrajes y ofensas a la bandera de España y a las contempladas en el artículo 4 del presente texto, se castigarán conforme a lo dispuesto en las leyes.

El ultraje es la acción y efecto de ultrajar y, este término hace referencia a ajar, es decir: «hacer que alguien o algo pierda su lozanía» y «desgastar, deteriorar o deslucir algo por el tiempo o el uso», tal y como define el Diccionario de la Lengua Española.

En definitiva, y en consecuencia, el cuidado de las banderas oficiales sí está regulado, solamente hace falta que se cumpla el articulado. Pero, ¿cómo? Quizás, solo quizás, denunciando.

© Portugal Bueno, 2017

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