Ser Comunicación

Detalles, detalles y … más detalles

Tengo el teclado del ordenador portátil funcionando a medio gas porque la mitad de las teclas no responden. Por esta razón, he aprendido a escribir utilizando dos plataformas de botones a la vez ya que el sustituto tampoco es que sea una maravilla. Y no pienso gastarme más dinero porque el problema es provisional, hasta que me traigan el nuevo teclado para instalar en el portátil.
Hace unos días que la solución ya está en la tienda. Y me acerqué con mi mochila para poner fin a esta habilidad. Como muy bien me han enseñado mis padres di los buenos días al joven que se encontraba en el mostrador, solo, mirando fijamente la pantalla del ordenador. Debía estar abducido porque ni se inmutó. Sólo reaccionó cuando sintió que mis cinco kilos, al posarse en la mesa, desestabilizaban su mundo virtual. Y me pregunta sin ningún tipo de contacto visual:
–    ¿Es para reparar?
–    Sí.
–    Pues póngalo en esa ventanilla.
En ese momento, si tuviera el don y la capacidad de la improvisación inteligente, le debería haber preguntado:
–    ¿Es usted el dependiente?
–    Si.
–    Pues aprenda a atender a sus clientes.
El comportamiento eficiente de este jovenzuelo debería haber comenzado con un saludo y una mirada acompañada de su correspondiente sonrisa. El cliente ha entrado en su tienda, así que es como si fuera una visita agradable porque le ha elegido a usted en lugar del establecimiento que está dos calles más arriba o abajo, me da igual. Seguidamente, debería haber preguntado el motivo de la visita, y tras conocer la respuesta, coger el portátil del cliente y llevarlo hasta la ventanilla de reparaciones él mismo.
Cada vez menos se encuentra en los comercios personal cualificado para atender al público. En unos prima la imagen personal, en otros la palabrería, en otros la experiencia… Sin embargo, la primera condición que debe cumplir una persona cuyo trabajo es atender, es tratar con educación a la clientela. Pero no solamente se trata de buenos modales, sino de conseguir que el trato que le doy al cliente sea el correcto y el eficiente. No hay que olvidar que el objetivo es que esa persona vuelva. Y la eficiencia en el comportamiento no se tiene por ciencia infusa, hay que aprenderla y practicarla. Por esta razón, creo que toda persona que se dedica a la compra-venta debe no sólo aprender técnicas de venta, tan de moda últimamente, sino también y en primer lugar protocolo social inteligente.
Y como afirma Barry Farber: “Los clientes no esperan hacer grandes amigos, pero sí quieren saber que se les aprecia como seres humanos (no como medios para obtener unos ingresos) y que el interés por ayudar a alcanzar sus objetivos es sincero”.
Post publicado en http://www.protocoloimep.com/detalles/

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