Ser Comunicación

No somos camaleones

Alrededor de las ocho y media de la mañana se ve por las calles de mi ciudad a mamás que llevan a sus hijos a la parada del autobús escolar. Esto es algo normal. Lo que me llama la atención es ver como estas señoras salen a la calle. ¡En pijama y en zapatillas! Esta misma vestimenta se puede ver en la vía pública por la noche, cuando salimos de nuestras casas para tirar la basura al contenedor. A las personas que actúan de esta manera les encantaría poseer algún tipo de cromatóforos. Es decir, células que poseen los camaleones y que gracias a ellas pueden variar de color dependiendo de su estado de ánimo, de factores ambientales o de su rango social. Poder cambiar de aspecto dependiendo de la circunstancia y de la situación con el mínimo esfuerzo.

Cuando vamos a la calle debemos salir con ropa de calle, aunque solo vayamos a estar cinco minutos. Hacer lo contrario es reflejo de dejadez tanto desde el punto de vista del comportamiento como de la imagen personal. Esta apatía también se puede comprobar durante el horario de trabajo, mejor dicho, en el tiempo de descanso de los profesionales. Por ejemplo, los trabajadores de determinado centro de salud (no quiero generalizar) van a tomar café al bar con su bata blanca. ¿Es que no se la pueden quitar? ¿Lo tienen prohibido? También he visto mujeres desayunando en las cafeterías con su bata de esteticista y con sus correspondientes manchurrones de cera. ¿Qué es lo que nos sucede? Según mi opinión este comportamiento es una falta de respeto hacia los demás. Peor aún, es una falta de respeto hacia nosotros mismos.

Cuidar nuestra imagen externa no es ninguna tontería, es reflejo del respeto que mostramos hacia las personas que nos rodean. Javier Urra declaró en una conferencia que en sus clases no permite a sus alumnos ir con camisetas no adecuadas ni con escotes tan pronunciados que dejan ver el sujetador, ya que para él esto es una falta de respeto. En este punto quiero recordar que existe la ropa interior y la exterior. Puede parecer una obviedad pero si nos fijamos podemos ver por la calle cómo hay jóvenes que van enseñando los calzoncillos. La ropa interior jamás debe enseñarse, por eso se llama interior y ¡que no me vengan con la chorrada de que es moda! Tampoco me parece correcto ir mostrando los tirantes de los sujetadores, aunque sean transparentes.

Brenda Chávez en su publicación “El libro rojo del estilo” afirma que en la actualidad “lo que mola es lo mamarracho” y que nos encontramos “en un momento con una escala de valores perdida y de falta de pensamiento”. ¡Qué razón tiene!

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