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No todo cabe en un currículum

Hace años, cuando enviaba mi currículum a una empresa, hacía algo que hoy no repetiría: recopilaba prácticamente todo lo que había hecho hasta ese momento.

Cursos, trabajos, formación, colaboraciones, experiencias… Si lo había hecho, pensaba que debía aparecer.

Quizás se debía a que entonces tenía poco que contar y necesitaba demostrar que tenía una trayectoria. Pero con el paso del tiempo he aprendido que un currículum no gana valor por acumular información.

Al contrario.

Un buen currículum debe seleccionar la información que realmente interesa para el puesto al que nos presentamos.

No todo lo que hemos hecho tiene que estar en el currículum

Cuando una persona recibe nuestro currículum está dedicando un tiempo a conocer nuestra trayectoria profesional.

Creo que debemos respetar ese tiempo.

Si optamos a un puesto concreto, deberíamos preguntarnos qué información necesita conocer la persona que va a leer nuestro currículum para valorar nuestra candidatura.

Esto significa seleccionar.

Y seleccionar también es comunicar.

Un currículum no es un archivo de nuestra vida profesional. Es un documento de comunicación selectiva en el que decidimos qué experiencias, conocimientos, logros y competencias merecen tener mayor visibilidad en función de una determinada oportunidad profesional.

Por eso, no utilizaría exactamente el mismo currículum para todas las empresas.

La experiencia también hay que saber ordenarla

Esta cuestión resulta especialmente importante cuando tenemos poca experiencia profesional.

Es habitual pensar que, si todavía no hemos trabajado en el sector, tenemos poco que aportar.

Sin embargo, la experiencia puede encontrarse en lugares muy diferentes.

En el caso de una persona que acaba de terminar sus estudios de Protocolo y Organización de Eventos, por ejemplo, pueden tener interés las prácticas realizadas, los proyectos universitarios, la organización de jornadas, congresos, presentaciones o actividades culturales.

También pueden ser relevantes trabajos que, aparentemente, no tienen relación directa con el puesto.

La atención al público, la hostelería, la recepción, el comercio, las promociones o el turismo pueden haber permitido desarrollar competencias que después resulten útiles en la organización de eventos: tratar con personas, resolver incidencias, trabajar bajo presión, organizar tareas o adaptarse a situaciones imprevistas.

La cuestión está en saber identificar qué aporta cada experiencia a la candidatura.

También somos lo que hacemos fuera del trabajo

Hay otra parte de nuestra trayectoria que puede quedar olvidada cuando pensamos únicamente en empleos y titulaciones.

La participación en una asociación, el voluntariado, la colaboración en proyectos culturales o sociales o la implicación en determinadas actividades pueden aportar información sobre nosotros que no aparece en una relación de puestos de trabajo.

No sustituyen a la formación ni a la experiencia profesional, pero pueden ayudar a mostrar intereses, iniciativa, compromiso o capacidad para relacionarnos y trabajar con otras personas.

Especialmente cuando se está empezando una carrera profesional, creo que merece la pena prestar atención a estas experiencias.

Pero iría incluso un poco más allá.

Hay que hacer archivo de nuestra propia trayectoria

Creo mucho en la importancia de hacer archivo.

No solamente de los trabajos que realizamos, sino también de los actos a los que asistimos, las imágenes que nos llaman la atención, las noticias que leemos, los libros, artículos o documentos que descubrimos, los viajes que hacemos o incluso aquellas situaciones de nuestra rutina que, en algún momento, nos hacen pensar en nuestra profesión.

Cualquier cosa puede despertar una reflexión.

Una forma diferente de organizar un acto. Una solución que hemos visto en otro lugar. Una exposición. Una conversación. Una conferencia. Una manera de recibir a los invitados. Una incidencia que observamos. Una experiencia durante un viaje. Una noticia que nos hace replantearnos algo.

Quizás en ese momento no sepamos qué utilidad tendrá.

Pero puede tenerla algún día.

Por eso creo que deberíamos hacer también un archivo específico para nuestro currículum y nuestra trayectoria profesional.

No tiene que ser complicado. Puede ser una carpeta, un documento, una aplicación de notas o cualquier sistema que nos permita guardar esas pequeñas «visiones» o recuerdos que relacionamos con nuestra profesión.

Porque hay algo que ocurre con frecuencia: si no guardamos esas ideas, las perdemos.

En cambio, si lo archivamos y lo revisamos de vez en cuando, podemos descubrir conexiones que no habíamos visto inicialmente.

Y entonces podremos decidir dónde y cómo utilizarlo.

Quizás se convierta en una competencia que podamos incorporar a nuestro perfil.

Quizás nos ayude a explicar una experiencia.

Quizás nos permita aportar una reflexión diferente en una entrevista.

O quizás termine siendo el origen de un proyecto.

Nuestro archivo profesional puede convertirse en una fuente de valor que no aparece en ningún otro currículum.

Y ahí puede estar precisamente la diferencia.

Un currículum diferente para cada oportunidad

No creo que exista un único currículum perfecto.

Existe el currículum adecuado para una determinada oportunidad.

La información puede ser la misma, pero no necesariamente debe ocupar el mismo espacio ni aparecer en el mismo orden.

Si buscamos trabajo en protocolo y organización de eventos, tendrá sentido dar relevancia a la formación específica, las prácticas, los proyectos relacionados con la organización de actos y aquellas experiencias que demuestren competencias vinculadas al puesto.

Si la candidatura es para otro ámbito, probablemente debamos hacer otra selección.

Esto requiere conocer la empresa o institución a la que nos dirigimos y leer con atención aquello que está buscando.

Incluso la presentación puede adaptarse.

Me parece interesante observar la identidad visual de la organización: sus colores, sus tipografías, la manera en que presenta sus contenidos.

No para copiarla ni para convertir nuestro currículum en una pieza publicitaria, sino para incorporar, de manera sutil y profesional, algún elemento que facilite esa conexión visual.

No deja de ser una forma más de comunicación.

La forma de escribir también dice quiénes somos

Hay algo que, en mi opinión, debería estar fuera de cualquier debate: un currículum debe estar correctamente escrito.

Ortografía, gramática, redacción y presentación son aspectos que no deberíamos descuidar.

En protocolo y organización de eventos, además, la comunicación escrita forma parte de nuestro trabajo.

No es casualidad que haya dedicado otros contenidos de este blog a esta cuestión. En La ortografía a cumplir en las placas protocolarias ya señalaba la importancia de cuidar el lenguaje en el ejercicio profesional del protocolo y la necesidad de que los profesionales extrememos la atención sobre nuestra forma de escribir.

Un currículum con errores puede transmitir una falta de atención al detalle que probablemente no queremos asociar a nuestra candidatura.

¿Qué pondría hoy en mi currículum?

Si tuviera que volver a buscar trabajo ahora, mi criterio sería muy diferente al de aquellos primeros años.

No empezaría preguntándome:

¿Qué he hecho?

Me preguntaría:

¿Qué de todo lo que he hecho es relevante para esta oportunidad?

Y para poder responder a esa pregunta necesitamos algo más que memoria.

Necesitamos haber conservado nuestra trayectoria.

Las experiencias, las lecturas, los actos, los viajes, las conversaciones, las imágenes y aquellas pequeñas observaciones que en algún momento nos hicieron pensar que forman parte también de nuestra construcción profesional.

Por eso, hoy no solo intentaría tener un buen currículum.

Intentaría tener un buen archivo.

A partir de ahí, seleccionaría, ordenaría y redactaría la información.

Y dejaría fuera aquello que no aporta.

Porque eliminar también es una decisión.

Quizás esta sea una de las principales diferencias entre el currículum que elaboraba hace años y el que haría hoy.

Antes quería demostrar que había hecho muchas cosas.

Ahora intentaría demostrar que sé identificar cuáles de esas cosas pueden aportar valor al puesto al que aspiro.

La trayectoria profesional es mucho más amplia que un currículum.

El currículum es solamente una selección de esa trayectoria.

Y saber conservar, seleccionar y comunicar esa trayectoria también forma parte de nuestra carrera profesional.

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