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No dejar caer en la tentación

Los padres con niños de poca edad nos asustamos cuando vemos al enano cerca de un enchufe con la intención de jugar. Nos falta tiempo para ir corriendo y gritarle: “¡No, cuidado! ¡Te va a dar la corriente!”. O lo que es lo mismo, electrocutar. Algo parecido está ocurriendo en nuestra juventud. Hace unos días Emilio Calatayud visitó mi ciudad para dar una conferencia, en la cual descubrí que se está poniendo de moda entre los adolescentes “electrificarse”, que para ellos es esnifar el líquido de las pilas, la nueva droga.
La sociedad no es capaz de erradicar este tipo de actuaciones pero si podemos poner los medios para evitarla, o por lo menos, dificultar su práctica. Algunas ciudades han colocado contenedores especiales para pilas. Este nuevo servicio municipal está muy bien, pero necesita un mantenimiento. La imagen de una montaña de pilas en el suelo, y a poca altura de ellas el contenedor roto, hay que evitarla, ya no solo por estética  e higiene, sino también por la salud de nuestros jóvenes.
Los nuevos servicios municipales deben ir acompañados de nuevos reglamentos. En este punto hay que señalar la ordenanza de civismo y ciudadanía que algunos ayuntamientos están aprobando y otros están actualizando.
Las ordenanzas municipales sobre promoción de conductas cívicas recogen actuaciones específicas sobre los residuos y las basuras. Por ejemplo, el ayuntamiento de Pamplona contempla en su artículo 22 que “los residuos urbanos que no puedan arrojarse a las papeleras habrán de depositarse en los contenedores instalados a tal efecto”, y que “queda prohibido extraer y esparcir los residuos depositados en las papeleras o contenedores”. El ayuntamiento de Castellón de la Plana también ha prohibido “toda manipulación de las papeleras, contenedores (…)”. La Ordenanza de convivencia ciudadana del ayuntamiento de Fuenlabrada se responsabiliza más en este asunto y anuncia en su artículo 16.3: “La limpieza de la red viaria pública y la recogida de los residuos procedentes de la misma se realizará por los Servicios Municipales con la frecuencia necesaria y a través de las formas de gestión que acuerde el Ayuntamiento”.
¿Quién no tiene en su ciudad contenedores rotos y basura esparcida en el suelo al lado de las papeleras? Y no durante un día, sino incluso durante semanas. A veces un contenedor en mal estado no es sustituido en años. Esta dejadez hay que denunciarla, y más si este tipo de actuaciones supone invitar a caer en adicciones a los adolescentes, y a no tan jóvenes.
Este tipo de ordenanza surge como herramienta de lucha contra actitudes negligentes e irresponsables que deterioran la calidad de vida de los habitantes de un municipio. Cuando una persona se droga está actuando irresponsablemente, y está dañando la calidad de vida de su entorno social más cercano, y por supuesto de ella misma. Tanto el ayuntamiento como los ciudadanos tenemos que velar porque las normas de convivencia se apliquen en nuestras ciudades, y adecuarlas al contexto actual. Los servicios municipales tienen la obligación de cumplir lo articulado y la sociedad tiene la responsabilidad de llamar la atención, o denunciar en su caso, a las personas que practiquen conductas incívicas. Para lograr este cometido es necesario realizar actuaciones educativas que divulguen y fomenten los valores del comportamiento social.
Existe un refrán africano que dice: “Para educar a un niño, hace falta la tribu entera”. Pero ¿quién tiene narices a amonestar a un adulto?

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