Manual práctico para la organización de eventos

En el año 2007 sale a la luz la segunda reimpresión del Manual práctico para la organización de eventos. Técnicas de organización de actos II de Carlos Fuente Lafuente.

El autor aglutina en aproximadamente 500 páginas información sobre «cada uno de los tipos de eventos más habituales, ya sean en el mundo oficial o el no oficial». Carlos Fuente considera, y así lo plasma en su obra, que tras la evolución en el mundo de la organización de eventos, los conocimientos básicos que se aplicaban para llevar a cabo los actos ya no son suficientes para culminar con éxito cualquier tipo de celebración.

Carlos Fuente nos habla de la gestión de los actos y de la organización de los actos más habituales, como pueden ser los recibimientos, las inauguraciones, entrega de premios, bodas o cumbres.

Tras la lectura del Manual práctico para la organización de eventos, comparto con vosotros algunas de las ideas que me han llamado la atención o me han ayudado:

Cada vez se busca más la eficacia de los eventos. ¿Para qué organizamos este acto? ¿Qué pretendemos? ¿A quién queremos llegar? ¿Cómo? Toda la organización gira en torno a estas preguntas.

En la organización protocolaria hay tres secuencias que resultan extremadamente complicadas: la creación, la gestión y la ejecución del acto.

Idear en equipo es el mejor pasaporte para el éxito, pero no se debe perder la referencia de que en este trabajo grupal, el responsable de Protocolo ha de ser un auténtico líder, un perfecto director que sabe rentabilizar los tiempos, estructurar las propuestas y discernir con rapidez las propuestas buenas, malas e inviables.

La Presidencia es responsable del recibimiento de bienvenida (en el aeropuerto o en la frontera) de todas las personalidades.

El homenajeado tiene que sentirse a gusto con lo que se está preparando, pues no hay peor cosa que nos ofrezcan una celebración en nuestro honor que nos resulte desagradable o pobre.

La placa conmemorativa suele ofrecerse a autoridades de muy alto rango cuya visita realmente constituya un hecho histórico para la entidad, razón por la cual se recuerda mediante un texto impreso en una piedra, metal o metacrilato y que se coloca en un lugar bien visible para todas las personas que accedan a la empresa.

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